A lo largo de mi vida he pisado las gradas, luego de haber sostenido mi idea de gloria en las manos, un número vergonzoso e innumerable de veces...
Quizás la terapeuta tenía razón cuando me dijo que le temo a terminar las cosas cuando van bien, porque mis cadenas mentales me hacen zancadilla. Mejor dicho, entra sigiloso el impostor en mi cabeza y susurra tan lento pero tan profundo: "todo va muy bien, ¿qué raro, no?". Así que inicio una pelea conmigo misma en la que le cedo el control a ese puto impostor, me retraigo y vuelvo a las gradas, a empaparme de nostalgia, de recuerdos y de culpas...
Eso pienso mientras lentamente vuelvo a escribir, tuve un prime en tiempos pasados, en donde se me daba muy bien sentarme frente a una hoja en blanco, porque las palabras brotaban con una facilidad inquietante, sin embargo, durante años pasaron cosas y decidí dejar de escribir. Hoy entiendo porque no quería escribir, no quería recordar, no quería recordarme.
Pero ahora vuelvo, vuelvo con fuerza, con un espíritu diferente, vuelvo renovada, vuelvo con otra perspectiva y me confirmo que el amor por los detalles, cambia vidas; ser consciente de la evolución sin caer en el ego, cambia vidas; el amor propio, cambia vidas; la tranquilidad, CAMBIÓ mi vida.
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