Un fotógrafo no simplemente capta un lugar, una persona o
un objeto... Graba para la eternidad un momento, un recuerdo, un sentimiento...
Es aquel escultor que por medio del obturador fija para siempre una imagen que
te hará sonreír o llorar, dependiendo del momento.
Este blog inició con un propósito: entretener. Aquí podrás encontrar frases, mini historias, diálogos y aventuras literarias. Bienvenidos a una cabeza inquieta, bienvenidos a la cabeza de Tatiana Uribe.
viernes, 23 de enero de 2015
jueves, 25 de diciembre de 2014
Sonrisas desde el Ghetto
De niña tenía la concepción
materialista de lo que era la Navidad, o bueno diciembre como tal… estrenar
ropa, chicanear los nuevos juguetes con los niños de la cuadra y hacer
berrinche si no era lo que pedía. Tiempo después fui formando un concepto más
familiar por la ausencia de algunos pero hace un año descubrí realmente lo que
es la NAVIDAD.
Sonrisas desde el Ghetto se
convirtió en esa misión que quiero hacer todos los años, en repartir presentes,
arte y sonrisas a familias enteras, esas mismas que para muchos son entes o
seres imperceptibles.
Conocer el entorno, la
ciudad, los hogares y las personas ha resultado una labor gratificante, no sólo
por el hecho de dar regalos sino porque de una u otra forma transformamos el
entorno de manera positiva, recibimos las sonrisas más sinceras de almas
inocentes que no esperaban tener entre sus brazos un regalo en una fecha como
esta.
Los días de recolección, más
almas que se suman a esta causa y los ánimos constantes del autor principal de
esta idea, Christian Molina, hacen que insistamos en seguir haciendo una maestría
en envolver regalos y brindar sonrisas que llenan el corazón.
martes, 2 de diciembre de 2014
De nada sirve...
Sentada en la absoluta oscuridad y casi jurando que el
silencio era total… pensaba mirando a la Luna si todo lo que había hecho se
podría haber desvanecido en sus propias manos; meditó unos segundos y asintió
con vigorosidad. ¡Sí, lo hice yo y qué! Nunca estuvo de acuerdo, en el fondo,
con lo que estaba haciendo; pero se refugiaba en el lema de ‘dejar que todo
fluya’, no se preguntó si la fluidez de la corriente era la indicada y mucho
menos si lo que hacía estaba fundamentado en los principios y valores que en el
hogar le habían enseñado.
Con el tiempo, el peso de su actuar se hacía cada vez
menos llevadero, fantasmas del pasado la molestaban, la enfurecían pero a la
final ella les agradecía, porque poco a poco se fue quitando de sus ojos la absurdamente
gruesa venda que había puesto sobre
ellos… Y es que ¿de qué sirven unos buenos ojos a un cerebro ciego?
El corazón tiende a ser inteligente y sabe elegir, a
veces, pero esta vez erró… vilmente. Pasó mucho tiempo para darse cuenta de
ello, pero el mismo maestro Chronos le dio señales precisas, concretas y si las
pasaba por alto era netamente estupidez…
En los sueños escuchaba frases como: No continúes allí,
es una presión tonta la que cargas, no mereces eso, tu universo lo tienes en
tus manos no delegues ese tipo de responsabilidades a manos festivas y poco serias…
Luego, todo tuvo sentido… Quizás hay amores que son
verdaderos pero no están destinados a estar juntos, quizá brindó más, mucho más,
y espero de la misma forma… ¡Equivocación! Hay que pensar con cabeza fría, ser
un apoyo pero no dejar que te utilicen como bastón reciclable.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
La mujer en el espejo
Sentada frente al espejo divisaba una figura poco
agradable a la vista, su rostro estaba árido, reseco, corrugado… sus labios
estaban ansiando un beso que años, muchos años atrás, no probaban… sus ojos sin
brillo buscaban desesperadamente a la mujer del cuadro a su derecha, lo
observaba y viraba la cabeza nuevamente al reflejo del viejo espejo… no era la
misma, había subido mucho de peso, sus senos habían hecho caso a la gravedad; tenía los dientes deteriorados y el cabello hasta los hombros, un mal corte,
decía mientras tomaba una peinilla que estaba en la mesa de noche.
Se levantó y empezó a vestirse, lentamente, cuidando que
su pantalón no se fuera arrugar, lo subió con dificultad, ya no le quedaba,
pero aun así insistió y forzó a los botones a cerrar… se miró y un puchero se
resaltó en su rostro, tomó el brasier, aquel que rellenaba meticulosamente con
algodón para que subieran un poco los senos, se lo puso… prosiguió con la
camisa, holgada, para disimular la piel sobrante por encima del pantalón, la
tiró un poco para abajo procurando tapar todo.
Alzó los hombros resignada, y sin despegar su mirada del espejo tomó su
bolsita de cosméticos: sombras en los ojos, rubor en los pómulos y labial. No
aplicaba más nada, se acercó a ese maldito reflejo que la atormentaba, lo que
veía era real, su imaginación se había deteriorado al igual que su cuerpo.
¿Cómo combatir si la peor enemiga era ella misma? ¿Cómo
decirle que lo que veía era hermoso, si los estándares de belleza hasta para
las mujeres maduras eran tan plásticos que habían colonizado la mayoría de las personas?
Ella era auténtica, realmente imperfecta, una persona real, con defectos y
virtudes reales… Ella simplemente estaba vacía porque la realidad no colonizó
del todo su cuerpo y se dejó impregnar de un modelo semi perfecto pero no real;
cuando los pies realmente estuvieron en la tierra y sostuvieron
lo que su mente sentía, su autoestima cayó al abismo más hondo que podría haber…
se fue al agujero negro queriendo
complacer a los demás olvidándose de ella.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Errar, disimular y aprender
¡Ay
pues creo que nos perdimos tratando de definir el amor en palabras! Creo que
nos desviamos paulatinamente de la finalidad que era ser feliz, le pusimos
peros, miedos y celos. Como buenos humanos erramos mucho y somos egoístas al
culpar al otro; muchas veces deseamos que el otro sienta como uno y si no lo
hace de esa forma dudamos de lo que siente. Creo que pecamos de egocentristas y
nos distrajimos tratando de entender lo que los otros veían en nosotros. Nos
quemamos en el fuego de un pasaje viviente, entre letras y alcohol vagamos
muchas noches, entre pláticas sin sentido y el mundo onírico… en eso quedó todo
en ilusiones, sueños… pero bueno, aprendimos a ser más centrados y sobre todo a
no confiar absolutamente en la pertenencia a una persona. ¡Nadie le pertenece a
nadie!
lunes, 17 de noviembre de 2014
Universo
Cansada de ver como lentamente perdía el lugar en el
mundo, se trajo a este a la mano y le enseñó que ella debía ser su propio
universo.
sábado, 15 de noviembre de 2014
Cianuro y cicuta
Ella besaba y después mataba, tenía cianuro en sus labios
pero recetaba cicuta a sus amantes.
Para ella
Cansada de las invenciones, decidió hacer su propia
historia de amor; ya no le importaba a quién hiriera, sólo utilizaba a la gente
que carecía de autoestima con el único fin de saciar sus necesidades. Eso para
ella era:
a m o r
miércoles, 12 de noviembre de 2014
El colibrí
Y el joven colibrí decidió alejarse del néctar más dulce
que probó... Sus alas dejaron de moverse 61 veces por segundo en su posición
estática y decidió disminuirlos a 55 para dirigirse a otra flor.
Esperas absurdas
Entre indecisa y pesarosa pensó: es que esperar fidelidad
de un infiel es como pedirle peras al olmo
jueves, 6 de noviembre de 2014
RUTINA
Su
rutina matutina era simple, se levantaba a las cinco de la mañana, salía a
trotar un poco junto a su perro, 45 minutos de zancadas largas y 15 minutos de
caminata lenta hasta su casa para reponer el aliento.
Para
realizar esto prefería evitar llevar llaves, celular u objetos que lo
desconcentraran o le incomodaran, su técnica para no quedarse por fuera, se
basaba en dejar las llaves en un hueco que había junto al interruptor de la luz.
Al llegar, abría la puerta, sacudía los pies en el tapete, le echaba agua al
plato del perro y se hacía un jugo. Se limpiaba las manos y se sentaba
plácidamente en el mueble mientras sintonizaba en la radio las noticias.
Siendo
las 6:30 a.m. hacía ejercicio con el juego de pesas que le había llevado un
pariente años atrás, sus repeticiones y rutinas se extendían hasta las 7:20, e
iniciaba otro de sus rituales: el baño.
Antes
de entrar, volvía a sacudir sus pies, se los frotaba con una toalla y procedía
a ingresar a su recinto de catarsis; se quitaba sus prendas lentamente mientras
la iba poniendo en el cajón de la ropa sucia. Al estar completamente desnudo,
entraba en la cabina, abría la llave del agua caliente y esperaba a que ésta tuviera la temperatura apropiada, mientras tanto jugueteaba con los pies y las
manos hasta que sentía que el agua estaba en el punto que a él le gustaba. Por
fin se ubicaba debajo del chorro, hacía círculos con la cabeza de un lado para
el otro, luego movía los hombros: arriba y abajo, adelante y atrás… cerraba la
llave, respiraba profundamente, tomaba el jabón y frotaba absolutamente todo su
cuerpo, luego con agua fría se enjuagaba. Tomaba la toalla que previamente
había doblado y puesto encima de la repisa, exclusiva para las toallas,
separadas por colores dependiendo del día de la semana; esta vez era verde, el
color que representaba el jueves. Se secaba de arriba para abajo, con mesura hacía
movimientos en la cara y el cuello luego iba el resto del cuerpo, lo hacía un
poco más rápido, cuando estaba completamente seco salía de la cabina.
Con
la toalla a medio poner se dirigía a su habitación, se recostaba 10 minutos en
la cama y procedía a vestirse, cuando finalizaba le daba la comida a su perro y
alistaba su desayuno: avena y frutas.
Todos
los días era lo mismo, su rutina finalizaba siempre a las 8:30 a.m. teniendo
todo empacado en su maletín, se despedía de su compañero de cuatro patas y se
disponía a caminar hasta el alimentador que lo llevaría al metro, 40 minutos
hasta su destino final, 6 horas en su trabajo, 40 minutos de regreso y a las
5:00 p.m. volvía a cruzar la puerta de su casa. Sus días se resumían en eso.
Contar el tiempo, agotarlo, consumirlo y volver a iniciar la cuenta. Metódico y
preciso, siempre con un reloj en la mano, en la sala, comedor, habitación y
baño.
Evitaba
trasnochar. Antes de las nueve de la noche estaba acostado y dispuesto a
conciliar el sueño, ya no hacía falta poner la alarma, siempre estaba de pie
antes de que ésta sonara…
El
viernes hizo un cambio, pequeño, pero sintió que esta vez no era necesario
escuchar las noticias, sintonizó una emisora de Jazz, subió el volumen e hizo
que el baño fuera más efusivo, abrió la puerta de la cabina y no le importó el color de
la toalla que tomó, salió saltando y en vez de dirigirse a la habitación fue
directamente a la cocina, le dio la comida a su mascota e hizo su desayuno. Se vistió
mientras bailaba y salió de su casa con una sonrisa.
En
el transporte, no pensó en la gente que invadía su esfera y hasta saludó a una
chica que le coqueteó, invitó a almorzar a una compañera de trabajo que siempre
le había llamado la atención, armaron planes para la noche y todo fue fluyendo
de manera armoniosa. Como siempre a las cinco estaba en su casa, pero esta vez
la prepararía para recibir a su visita.
Compró
unas cuantas velas, comida italiana y un vino Norton Cosecha Tardía, organizó
meticulosamente la mesa, con todos los cubiertos y las servilletas de un color
que combinara con el mantel. A las 8 debía llegar aquella mujer.
La
música ya estaba preparada, organizó unas cuantas canciones para que se reprodujeran
automáticamente y de esta forma no interrumpir lo que pudiera acontecer.
Parecía
que el tiempo estuviera corriendo más rápido de lo normal, el citófono, el
teléfono y el celular no sonaban, siendo las 8:30 el ánimo se vino abajo, las
velas ya un tanto derretidas, la comida casi fría y el hielo del vino ya evaporado
indicaban que la mujer jamás llegaría. Se soltó la corbata, se quitó los
zapatos y se sentó en el mueble.
A las
nueve el citófono replicó, un poco desubicado y ya con el peso del cansancio en
sus párpados, tomó la bocina; al otro lado, el celador medio tartamudo por el
frío le anunciaba la visita de una mujer, él la hizo pasar esperando que ella
no tardara mucho y que su estadía fuera corta. Minutos después el timbre sonó.
Sin
muchos ánimos abrió la puerta, encontró a la mujer con un brillo despampanante
en sus ojos, llevaba un vestido y semi corto de color negro y sus labios tenían
un color exquisito, la hizo pasar, le ofreció algo de beber, ella aceptó vino.
Él
nunca preguntó el por qué la impuntualidad, le bastó con su presencia, la
comida se precalentó y cenaron en la sala, entre la charla se descubrieron
secretos, fantasías, sueños, miedos y una que otra anécdota vergonzosa, la
mujer pidió otra copa de vino, el sin titubear la sirvió, un poco más llena que
la primera, la música se apoderó de sus cuerpos y empezaron a bailar mientras sonreían.
Sus cuerpos se rosaban entre las melodías que destilaba el equipo de sonido y
con el efecto del vino y la luz que daban las velas que aún estaban encendidas
los sentimientos empezaron a aflorar con más facilidad.
Las
miradas se hacían más penetrantes, las voces mermaron su volumen y por fin sus
labios se cruzaron, el cuerpo de la mujer se veía más suculento y de repente ella subió
su vestido y abrió las piernas dejando a la vista su diminuta ropa interior, el
bajó la mirada un tanto apenado pero ella lo retó visualmente, le tomó la mano e hizo que él la recorriera de arriba abajo.
Tomaron otra copa de vino y entre besos y caricias el mueble se convirtió en el lugar
más placentero de la casa, olvidó el tiempo y el orden, se bajó la bragueta del
pantalón y ella descendió lentamente… Lo besó, lo acarició; él extasiado observó a
la mujer, mientras tanto, entró en un trance, sus ojos se perdieron y su cuerpo se
volvió libidinoso, cayó en el mueble y ella sin reparo se subió en él, sus
movimientos eran espléndidos, su cuerpo bailaba al ritmo de la música y llegaron irónicamente al tiempo.
Ambos
saciaron sus instintos, se miraron el uno al otro, ella se levantó, tomó su
vestido y sus tacones, se bogó el último trago de vino y se fue sin despedirse.
Al otro día él se levantó a las cinco de la mañana, para salir a trotar con su perro,
45 minutos de zancadas largas y 15 minutos de caminata lenta hasta su casa para
reponer el aliento…
jueves, 23 de octubre de 2014
¡Nos perdimos!
- ¿Qué
te pasa?
- Las
personas se van cansando de suplicar un puesto, de rogar un título…
- ¿A
qué te refieres?
- A
nada, nunca hago alusión a nada. Lo he dicho, lo he gritado, lo he cantado…
- ¡La
verdad no te entiendo!
- Y ¿cuándo
lo has hecho? O al menos, nunca he visto que te hayas preocupado por hacerlo.
- ¡Ya
no sé qué es lo que quieres!
- Creo
que soy como una película de David Lynch, nadie me entiende, siempre acaba mal pero sé que tarde o temprano querrás saber más…
- ¡Ahora
sí me perdí!
- Ves,
ya nos perdimos.
martes, 21 de octubre de 2014
La Escritura
Arrinconada entre la puerta del metro y el vidrio junto a
las sillas (lugar que para ella era perfecto) miró hacia la publicidad que
ponen en la parte superior, junto al techo... Esta vez no era el jean que
levanta la cola o las promociones estúpidas de Flamingo sino que era de esas
frases que merecen estar en ese lugar y que la gente la lea las veces que sean necesarias…La vio y asimiló, casi la memorizó decía algo así como: “La memoria
es un espejo opaco y vuelto añicos, o, mejor dicho, está hecha de intemporales
conchas de recuerdos desperdigadas sobre una playa de olvidos”… Héctor Abad
Faciolince, antioqueño, escritor y periodista que con sus ideas y libros ha transformado
paulatinamente la percepción de quién leyó esa frase.
Todo el día ella pensó en eso, en la playa de supuestos
olvidos, en la memoria desdichada que tenía y sobre todo en tratar de armar
rompecabezas de recuerdos, difusos, confusos y la verdad, muy poco nítidos.
Hablaba consigo misma, movía las manos y fruncía el ceño, estaba teniendo una
pelea con su otro yo.
Subió al metro de la línea B, entusiasmada miró hacia la
bendita publicidad… Encontró otra frase… coincidencialmente del mismo autor que
la anterior: “Escribo porque mi cerebro se comunica mejor con mis manos que con
la lengua”… Una gran sonrisa se dibujó en su rostro, los demás seguramente
pensarían que era por algo que había escuchado a través de sus audífonos, pero
no sabían que fue esa frase, esas 14 palabras las que identificarían de por
vida a esa mujer.
La escritura se convirtió en su pasión, en esa amante
insaciable que la despertaba a altas horas de la madrugada para ser acariciada,
besada, para ser usada como medio de liberación… La escritura se volvió su
vicio, su juicio, su testigo, su crimen…
miércoles, 8 de octubre de 2014
El pendejo
Muere
brutalmente la razón por culpa de una cosa que se cree superior: el ego. Este
pendejo absorbe el talento, dejando en una nube de estupideces a quien lo
posee.
jueves, 2 de octubre de 2014
¿Qué esperar?
¿Qué
esperar de la espera interminable de una mentira latente?
¿Qué
esperar de aquellos expertos mitómanos que te juran tonterías fijando sus ojos
en los tuyos y proclamando bellas utopías?
¿Qué
esperar de quienes perdieron su Norte cuando su brújula se estropeó y nunca la
pudieron reparar?
¿Qué
esperar del supuesto príncipe azul que pintó con anilina sus trajes y con la
lluvia mostró sus verdaderos harapos?
¿Qué
esperar de su cara sin reflejo, de su alma sin cuerpo, de su vida sin tiempo?
¿Qué
esperar del amor enfermizo y patético que se defiende como quien no tiene una
causa justa por la cual luchar?
¿Esperar?
Ya me cansé de esperar a que pasen cosas que jamás sucederán, me cansé de
esperar cambios, pasos, progresos. Me cansé de sólo soñar.
Decido
irme lejos por un tiempo, reencontrarme conmigo misma porque me cansé de esperar
respuestas que nunca encontraré y “evoluciones” en eslabones perdidos… en
cambio he tenido promesas a medias, mentiras enteras, palabras hirientes y
señalamientos absurdos.
En
conclusión, la espera a veces es sólo cronometrar los minutos que la muerte le quita a la vida…
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